Era un día sábado del mes de marzo de algún año transcurrido de la historia. Dos amigos se encuentran en el Parque Nacional de San José, Costa Rica, detienen su caminar y se disponen a conversar. A su alrededor tienen como escenario una variedad de árboles floreados, un monumento que conmemora la Campaña Nacional de 1856-1857 y un sin número de personas que se encuentran en el mismo por distintas razones.
Ernesto: Todo va bien, igual que siempre estudiando. Sí, las presas están horribles hoy en día, a mi en lo personal me encanta caminar. Vengo de mi casa, voy a coger el tren a Heredia, pero voy temprano, ¿Cómo va su vida?
Arnoldo: Todo marcha bien, un poco con ganas y un poco con desganas, pero este devenir de pensamientos me hace sentir bien. De un tiempo para acá he notado lo poco que las personas aprovechan los parques, como éste en el que estamos. Los parques guardan una gran paleta de historias que los hacen lugares familiares y extraños a la vez. Usted se imagina ¿cuantas personas han pasado por acá? ¿Cuántas parejas se ha unido en amor? ¿Cuántas peleas han presenciado? ¿Cuántas risas? ¿Cuántas lágrimas? Estos espacios tienen mucho que decirnos, sólo debemos de escucharlos un poco más.
Arnoldo: Mucha razón en sus palabras amigo; la rutina será una creación de nosotros mismos, ésta llega a aparecer sólo y tan sólo sí, nosotros llegamos a dejar de observar nuestro entorno, nuestro medio sin expectativas, si dejamos de estar atentos a todas las maravillas de nuestro alrededor que son dinámicas y que aparecen a cada instante, algunas dejando destellos mientras que otras no.
Los parques de nuestras ciudades seguirán teniendo importancia mientras sigan siendo lugares de encuentro, de reunión, de conversación; mientras sigan existiendo personas que les guste hacer un alto en su camino diario y decidan detenerse a mirar a su alrededor, de pie o desde la banca de un parque.
Ernesto: ¡El tren! Ya me tengo que ir, espero volver a encontrarlo dando uso a cualquier parque público y haciendo a un lado la rutina. Nos vemos otro día.
Arnoldo: Igualmente, hasta luego.


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