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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Colores en el muro

Por David Araya y Andrés Jiménez

¿Por qué razón se hace más escándalo en la opinión pública por una pared pintada que por las injusticias que genera el propio sistema, el que produce cada día más excluidos, más invisibles y más marginados, en el cual, tal vez, vos y nosotros nos encontremos en alguna de esas categorías, las cuales vivimos en nuestros cuerpos y en nuestras mentes?


18 de noviembre de 2014. Este día la colectividad se apropió de una pared, que más que una pared, representa un muro de poder que pone en las alturas a un "Olimpo". Dentro están aquellos que definen una parte de los designios oficiales de un Estado-nación, afuera todas y todos aquellos que viven la cotidianidad, que sufren con los delirios del Sistema, que sienten el dolor.


Pues bien, las paredes de una Asamblea Legislativa hoy dormirán tranquilas porque han sido cargadas con sueños de realidades distintas. Hoy, dormirán acompañadas de letras que reflejan un descontento. Unos colores han levantado más molestias en algunas personas que las atrocidades individualistas de unos cuantos que nos separan, nos hacen competir y nos hacen temer del otro. Es increíble la manipulación que logran los medios.


El tema de fondo que refleja todo esto tiene relación con la concepción de cultura que el poder político defiende. Realizar una resignificación de un muro, ese que nos distancia del poder supuestamente democrático, por medio de la pintura multicolor, para ellos  y ellas representa "rayar la fachada" o hacer un acto de "vandalismo" y, según su demagógico análisis, esto implica un gasto de dinero público para corregir la acción, para pintar nuevamente el muro pero más que eso, significa silenciar todas las voces que reclaman futuros distintos, que pronto, quieran o no quieran, se harán nuevamente escuchar.

La apropiación del muro por parte de las personas tiene el derecho a permanecer. El deseo de tapar las marcas solo evidencia la intención política de ocultar el descontento y el mal gusto estético de los diputados. En vez de volverlo a pintar, deberían de agradecerlo e ir a tomar nota, quizás se les ocurran buenas ideas o tomen consciencia de otras. 


Si creen que una acción colectiva consciente de sus exigencias políticas es un acto de vandalismo, hace evidente la visión elitista y centralista que poseen de cultura. La cultura es más que lo que se presenta en los teatros de la capital o en las actividades oficiales del Ministerio, por tanto, el presupuesto de cultura debería ser ejecutado en su mayor porcentaje directamente por las comunidades en proyectos que nazcan de ellas mismas, sea esto cultura o no desde la perspectiva angosta de los legisladores del país. La descentralización de la cultura es la discusión profunda que los colores en el muro hacen evidente.

Entonces, antes de dar algún criterio ante la nueva fachada de la Asamblea, los y las invitamos a que vayan a las afueras de la Asamblea Legislativa a leer todo lo que se puso, tal vez, ni siquiera les pasa por la cabeza los reclamos de las voces que dieron su grito, quizás, hasta se identifiquen, y aprovechen la ocasión para poner su propia huella, y con esto empezar a soñar con otras realidades distintas.

Los recortes vienen y van, y nos deben de interesar, en especial si pagamos impuestos, ya que de ahí sale el dinero para sostener todo un andamiaje estatal de instituciones, que al fin y al cabo son una fachada justificadora para mantener los designios de un sistema. Así, pintar las paredes de una institución emblemática es el inicio de una lucha por la apropiación y el replanteamiento del sector cultura.



**Fotos por Priscila Campos A.

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