Escrito por David Araya D.
Ser adicto es el estado más
honesto de nuestra existencia.
Se puede ser adicto al sexo, la
violencia, la tristeza, el alcohol, la empatía, el egoísmo, la marihuana, el
orden, los antidepresivos o cualquier cosa que se pueda tener, consumir, hacer,
sentir o pensar.
Tenemos junto con nuestras
adicciones, un amplio y estricto menú de cosas que debemos tener, consumir, hacer, sentir y pensar para que el
colectivo, que llamamos sociedad, nos acepte como individuos sanos. Es una lista falsa de lo que
debemos ser, pero no lo somos. Nadie cumple con esta amplia y estricta lista.
Por ejemplo: Llorar, mientras sea
honesto, es cuando se expresa el sentimiento acumulado. Lo cual es vital. Sin
embargo, los que crearon la lista nos dicen que “el que llora lo hace porque
está triste y quien es triste no es feliz y yo-debo-ser-feliz
por lo tanto no debo llorar.”
Ahora, expresar lo que se siente
es necesario y hay personas a las que les gusta usar el llanto como medio para
expresar los sentimientos, aunque solo sea expresarlo a sí mismas. Llorar puede
repetirse múltiples veces en un corto plazo de tiempo y se puede llegar a
llorar sin control.
Por lo tanto, se puede ser adicto
a llorar, pero nadie puede llorar todo el tiempo, algunos lo intentan y la
sociedad, al no poder convivir con alguien que no detenga ni un minuto su
llanto, lo aísla, lo encierra en un manicomio, lo señala con el dedo y le grita
que está loco.
(Se puede aplicar el ejemplo a cualquiera
de las opciones de adicción del segundo párrafo)
Por lo tanto, la adicción es la
justificación de la sociedad para asignarles locuras a las personas, ser adicto
o estar loco es equivalente a no encajar en lo que se debe-de-ser, es preparar comida que no está en el menú de lo
correcto.
Por ejemplo: Los efectos de una
droga, sea legal o ilegal, modifican lo forma en que percibimos las cosas y tal vez también
la cantidad de cosas que percibimos. La amplia historia de las drogas demuestra
como el ser humano siempre ha frecuentado estos estados alterados de conciencia. Se frecuentan porque el individuo necesita
ser diferente a lo que la sociedad le dice que debe-de-ser.
Pero si una persona se mantiene
siempre en un estado alterado de
conciencia actuará con respecto a este estado y por lo tanto actuará de forma alterada con respecto al resto de la
sociedad y esta lo aísla, lo encierra en un manicomio, lo señala con el dedo y
le grita que está loco.
Sin embargo, es gracias a los individuos
que son abiertamente como no-deberían-de-ser
que las sociedades cambian. La adicción que poseamos nos ayuda, para bien o
para mal, a ver la inmensa cantidad de realidades y comportamientos que podríamos
tener y esto nos lleva a darnos cuenta que no tenemos por qué cumplir con la
lista y que el menú está preparado por algunos chefs con mal gusto que no
quieren que probemos la infinitud de opciones que podríamos tener.
Todos somos adictos y por lo
tanto tenemos algo de locos. Dicho de otra forma, si llorar eternamente sin
pausa estuviera en el menú, en las calles se escucharían llantos y en el manicomio
el optimismo y las risas perderían su libertad.
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