I
Con atuendo inapropiado para salir de la casa, un libro bajo el brazo y cara de no bañarse en días, se adentró al pulcro ambiente del Mercado Fresco. Un "buenos días", que nació deshonesto para morir sin mayor gloria, lo recibió. Varios cientos de colores después, cuando se encontraba en la caja apunto de pagar y huir, entró al local comercial el señor, siempre políticamente correcto, presidente de la república, seguido por dos sujetos serios y vestidos de negro. Varios alegres "buenos días" nacieron e igualmente murieron.
II
Luego de una sana masturbación, abastecida de amor propio, decidió salir a caminar para tomar el sol de las tres de la tarde. Pasó exactamente en medio de la trayectoria que el presidente realizaba para trasladarse de la burbuja del Mercado Fresco a la burbuja del automóvil que lo esperaba a menos de cinco metros. "Señor presidente, -le dijo- no coma tantas mariposas porque en el estómago, me han contado, se vuelven gusanos y sin piedad desangran a cualquiera por dentro."
III
Viajó seis horas en bus, no conocía la capital, preguntaba si se encontraba en Barrio Escante y posteriormente buscaba que las respuestas lo guiaran exactamente a la vivienda del presidente. Al fin llegó y le entregó al guarda de la fortaleza la carta que escribió para el presidente. En el preciso instante en que se disponía a volver a su hogar vio dos automóviles polarizados que reflejaron su rostro, venían de hacer unas pocas compras en un local cercano. Pocos instantes después se vio solo, del otro lado de la muralla.
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