Escrito por Andrés Jiménez C.
La noche se empieza a asomar por la ventana del recuerdo, cada vez los colores pasteles van desapareciendo bajo un telón negro que llena el espacio. Las calles se encuentran concurridas por gentes y máquinas. Es un día cualquiera, puede ser un miércoles, un viernes o cualquiera. Todos somos potenciales consumidores, todos nos transformamos en adictos potenciales. Deseamos estar rodeados de personas, nos gusta la reunión social, nos hace sentirnos humanos, nos hace sentir animales dentro de su hogar. El líquido es vital para nuestros cuerpos, hemos aprendido a domesticar muchos frutos y plantas para nuestro deleite.
Veo un lugar que se empieza a hacer más claro, más definido. Parece ser un lugar común, un lugar fresco en mi memoria. Adentro veo un juego de luces y gentes, sillas y mesas, platos y vasos. Personas sentadas, personas de pie, personas bailando y hasta personas 'dormidas', todo lo veo a través de una puerta que separa el acá (lleno de cotidianidad) y el allá (lleno de sorpresa).
Nos sentamos en una mesa ¿la misma de siempre? Quién sabe. Todos se levantan y luego vienen cargando unas botellas oscuras; la noche sigue su curso. Me encuentro una nota; la tinta está un poco borrosa y la letra un poco ilegible; me apresto a leerla. Lleva un título provocador, hijo de los discursos machistas que dicen que el hombre afirma su hombría a través de las cantidades de alcohol que ingiere. Se titula: "Si va a tomar: tome como hombre" y es firmado por Diego Velásquez F. (http://sendascotidianas.blogspot.com/2014/02/si-va-tomar-tome-como-hombre.html).
El lugar era oscuro, no era óptimo para la lectura de aquel escrito que aún no descifraba si se había hecho recientemente o si llevaba un tiempo en el recuerdo social. Inmerso en este ambiente cultural, que está lejos de ser simpleza y acto de salvajismo, entiendo que aún no comprendemos que el mismo acto social es herencia y que no repetimos actos al alzar, si no aquellos que nos dan algún tipo de rédito, que con el tiempo se va modificando.
La nota reflejaba muchos acontecimientos que suceden en ese espacio llamado bar, todos vistos desde la mirada del espectador que escribió, desde su subjetividad. Habla de actos primitivos, pero niega todo el acto cultural en el que se encuentra inmerso; somos animales: animales culturales. No logro entender mucho, todo se muestra como un acto mecanicista que se reproduce por lo fatídico de la vida.
Me llama la atención una línea que refleja que la mujer se hace libre a través del preciado líquido y del contexto espacial en que se desenvuelve. Pero hay que dejarse de tanto en pleno Siglo XXI (al final tampoco sé que representa un Siglo), la mujer es libre, y esto no se debe ni siquiera justificar, es un hecho y punto; más bien es un acto primitivo querer seguir provocando diferencia, en vez de colaborar en la liberación, la cual tienen que hacer tanto mujeres como hombres, ambos tenemos una gran carga simbólica que debemos de botar y no reproducir.
A pesar de todo, termino de leer la nota y las horas se esfuman como el humo de un incendio, cada vez la actividad social entra en un letargo, todo se aquieta para entrar en la penumbra y luego dar cabida a una nueva salida del Sol que puede traer otra historia que formará parte de nuestras vidas.
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